Con buenas miras

El encanto de lo auténtico

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Actores secundarios

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Sí, sí ya sabemos que en el último post (hace… uf, mejor ni recordarlo) nos comprometimos a escribir más a menudo, pero es que…, bueno, no valen excusas, no lo hemos cumplido.

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Así que para retomarlo empezamos a pensar sobre qué tema podíamos escribir, porque tenemos algunos en la recámara y ya llegarán, pero nos hemos dado cuenta de que nosotros nos dedicamos al turismo rural, y nuestro trabajo nos encanta e intentamos cuidarlo y hacerlo lo mejor posible, pero en este mundo nos encontramos con algunos “actores secundarios” que parecen no tener nuestra misma filosofía.

Me explico, la gente viene a nuestras casas rurales (y a otras, por supuesto) porque quiere descansar, disfrutar de unos días en un entorno bonito y agradable, pasarlo genial en pareja, en familia o con amigos (o por otras razones, cada cual tiene la suya), pero, lo que está claro, es que los clientes quieren salir de su rutina diaria y conocer algo nuevo, a la vez que auténtico. Nosotros todo esto lo sabemos y queremos que el turismo rural no se quede en el mero hecho de un intercambio comercial entre el cliente y el propietario del alojamiento, por eso tratamos de ir un poquito más allá.

Lo primero y fundamental, recibirles con una sonrisa, no porque nos lo impongamos, sino porque es lo que nos sale. Es verdad, nos encanta tener la oportunidad de conocer gente, que además está de vacaciones por unos días y lo que quiere es pasarlo bien. Claro que esto es un negocio y queremos vivir de él, pero esto no quiere decir que haya que sufrirlo, al contrario, ¿por qué no disfrutarlo a la vez que se trabaja?. También hablamos con los clientes para saber mejor qué es lo que les gustaría hacer durante su estancia y poder asesorarles y recomendarles. No se trata de contar el mismo rollo a todos, porque cada cliente es distinto y hay opciones para todos. Estos son solo dos ejemplos de nuestra filosofía para hacer las cosas, porque casas rurales hay muchas en España, pero hoy día a los clientes no les vale todo y quieren algo más (y tienen toda la razón en ello, dicho sea de paso, nosotros mismos somos también clientes de otros alojamientos cuando nos vamos de vacaciones).

La data

Pues bien, para entrar en el tema de los “actores secundarios” vamos a situarnos en la llegada de un cliente a un alojamiento rural. Poniendo por caso que la filosofía de este alojamiento sea la que nosotros compartimos (que los hay en España, podríamos poner un montón de ejemplos) todo va bien, el cliente encantado, pero el problema viene cuando sale y se enfrenta en muchos casos con la España profunda, en el peor sentido de la expresión.

Los “actores secundarios” a los que nos referimos son aquellos bares, restaurantes, tiendas, cafeterías, etc, que se reparten por la geografía española y que están muy lejos de querer hacer bien su trabajo. Seguro que a todos nos ha pasado más de una vez el pedir un café en uno de estos lugares y pensar ¿dónde se habrá dejado este hombre o esta mujer la sonrisa? ¿tanto le cuesta un buenos días?, ¿un café decente?, ¿una pastita?, ¿un poco de espumita?, ¿un muchas gracias, por lo menos?

Pasada la prueba del café, viene la prueba de la comida. Sin necesidad de ponernos exquisitos, no una, sino varias veces, nos hemos encontrado en restaurantes en pueblos perdidos en medio de la nada castellana con menús del día por 12,50€, que ni en el barrio de Salamanca, vamos. Ante esto piensas que el producto será local, bueno, con cocina casera pero de muy buena calidad, no como la de tu madre, sino como la de tu abuela, que es mejor todavía. Pero no, cuando te sientas y empiezas a ver el trozo de pan seco o chicloso (según la versión) ya vas sospechando que esa comida casera idílica es una utopía y por este restaurante no la han visto ni siquiera cuando abrieron. Si es verano te puedes encontrar en los primeros: el gazpacho que solo sabe a ajo y nada más que a ajo; la ensalada mixta con la lechuga intentando por sobrevivir a la inundación que se le ha venido encima; o los entremeses (muy de bodas de los 80) con los bordes ya resecos de tanto esperar y esperar su turno para salir al comedor. En invierno la cosa cambia: los amigos de los niños, esos macarrones con tomate, lánguidos ellos y que de tomate la salsa solo tiene el nombre del conservante; o esas lentejas con chorizo bañadas en grasa y más grasa y más grasa,… Después llegamos a los segundos: ese filete de ternera, que pone a prueba a la dentadura en mejor forma; ese pescado o pechuga de pollo a la plancha, que suena muy sano y jugoso, sí, pero cuando lo ves llegar carbonizado de tal forma que ni sabes ya si es pollo o pescado, te armas de valor para quitar toda esa primera capa y llegar a la segunda, la carne, que de jugosa ni por asomo. Y por fin los postres, que sí serán caseros, por lo menos, ¿no?. Pues no. Con esto acabamos este menú del día, que claro que será del día, pero de un día, porque ahí no vuelves ni borracho.

Filete cutre

No me malinterpretéis, hay grandes sitios que hacen gala de la excelente gastronomía de la zona. Otros, que por muy poco dinero ofrecen un cuidado, calidad y atención destacable. Pero también hay muchos que intentaron ofrecer un servicio “de batalla” y perdieron la guerra.

Después de todo esto llegamos a la siguiente conclusión: si cada uno en nuestro trabajo ponemos un poquito de intención y un poquito de dedicación, que no pedimos tanto, será más agradable para todos. El entorno que ofrecemos es el entorno en que vivimos, y podemos elegir uno cuidado, bonito, agradable, o cavar nuestra tumba con caras largas y precios abusivos, mientras vemos cómo va desapareciendo la actividad. Se ha avanzado mucho, y las dificultades y la competencia han azuzado a este sector y a otros, pero es que, como todos sabemos, había mucho camino por recorrer.

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