Con buenas miras

El encanto de lo auténtico

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Rita, ¡eso no!

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Aunque parezca una contradicción, convivir con animales le hace a uno más humano. Nuestros gatos salen a pasear todas las mañanas, si hace buen tiempo, y suelen venir a su hora , además de alguna visita esporádica reclamando un achuchón.

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Hemos llegado a comprendernos mutuamente y, por lo general, nos respetamos nuestras costumbres. Pese a que a ellos no les gusta que nos levantemos más tarde los fines de semana, ni a nosotros que se suban a la mesa, son pequeñas molestias que en el fondo nos toleramos.

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Pero hay algo que, sencillamente, no es admisible en una convivencia entre especies: los regalos sádicos. Y es que, cual mensaje de la mafia siciliana, nuestros gatos te pueden obsequiar con un animal decapitado. Ya sea un pajarito o una lagartija, este tipo de demostraciones de cariño no se comprenden con su misma lógica desde nuestra humanidad y procuramos reprenderles, cosa que ellos tampoco llegarán a entender. ¡Desagradecidos!, pensarán.

El último “regalito” ha sido en forma de ratoncillo asustado. Bueno, asustado y herido. Por lo menos esta vez no estaba muerto.

Hemos podido limpiarle la herida y, tras un buen descanso en una caja de zapatos con comida, ha cogido energía suficiente para escapar con fuerzas renovadas. Después de poner patas arriba toda la habitación, ha sido un placer poder devolver al roedor a su entorno natural: intentar entrar en nuestra despensa.

2013-06-10 09.28.56

Jerry, si lees esto, espero que te esté curando bien la heridilla y que no guardes rencor a Rita y Humphrey, pero si os encontráis, ¡huye!

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